Mucho más que un satélite para Colombia

Por mi trabajo he conocido varios proyectos de la industria satelital y aeroespacial argentina, como los grandes satélites geoestacionarios de comunicaciones fabricados por la empresa pública de alta tecnología INVAP; picosatélites construidos por una startup de la ciudad costera de Mar del Plata, destinados a conformar una constelación de servicios IoT para el agro; o cohetes y el combustible que utilizan, desarrollados por una pyme. Y cada vez que lo hago pienso (lamento) el tiempo que se ha perdido en Colombia para el desarrollo de su propio sector aeroespacial.

Por eso, leí con agrado en Bloomberg Línea que el Gobierno Nacional prepara un programa espacial para contar con un satélite de observación terrestre destinado al agro y a la protección del medio ambiente, para lo que se estarían analizando propuestas de México y Chile, que sí cuentan con esa industria.

Este se sumaría al Facsat-1, puesto en órbita en 2018 y al Facsat-2 (Chiribiquete), que lo hará en abril próximo, ambos nanosatélites son destinados a observación terrestre y fabricados por la empresa danesa GomSpace para la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) y la Corporación de Alta Tecnología  (Codaltec), en un contrato que incluye transferencia tecnológica que permita desarrollar capacidad local para la construcción de este tipo de aparatos.

Es precisamente en la transferencia de conocimiento donde está la cuestión, porque es más barato contratar empresas que prestan servicios de comunicaciones o imágenes terrestres que comprar un satélite que en unos años se volverá obsoleto; pero contar con un industria propia de alta tecnología promueve la I+D, irriga conocimiento a los demás sectores de la economía, demanda capital humano calificado, tiene potencial exportador y abastece a sectores claves como telecomunicaciones, seguridad y defensa.

El mayor avance en este camino se produjo en 2020 con el Conpes 3983 de Política de Desarrollo Espacial, hecho con el propósito de analizar las capacidades científicas, tecnológicas y de infraestructura del país, y crear una estrategia de cara a la conformación de una industria espacial.

Un amplio trabajo en el que participaron el Departamento Nacional de Planeación, la FAC, la Vicepresidencia de la República, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación, el Ministerio de Industria Comercio y Turismo y la Agencia Nacional del Espectro.

Entidades que aportaron análisis para la confección de documentos sobre las necesidades en inversión y financiamiento; el estado de la innovación y el emprendimiento; el recurso órbita espectro y la estrategia para explotarlo; así como el diseño de estrategias para ofrecer servicios, promover el cierre de la brecha frente los países de la región y fortalecer a los actores de ciencia, tecnología e innovación, entre otras.

Entre los hallazgos, el más gráfico de la indiferencia política hacia el desarrollo de ciencia y tecnología en el país está en las cifras de inversión en I+D para el desarrollo espacial: fue el 0,0002% del PIB entre 2011 y 2016, que ubicó a Colombia en el último puesto entre los países de la OCDE. En ese periodo Uruguay invirtió 100% más, México 200%, Chile 1.900%, Brasil 3.900% y Argentina 4.900%.

Claro, son datos viejos, pero la aguja de la inversión no se movió mucho en los últimos años, con excepción de los Facsat 1 y 2, que no comprenden investigación y desarrollo nacionales, pero son un importante paso en el camino hacia la creación de una industria satelital y aeroespacial.

Con estos avances palpables, aunque tímidos, pareciera que por fin despegará la industria satelital y aeroespacial colombiana, ojalá civil además de la militar, que ha sido la que más ha hecho por su desarrollo.

El Brigadier General Luis René Nieto Rojas, comandante de Operaciones Aéreas y Espaciales de la FAC dijo en días pasados que “la voluntad política existe, pero requerimos de concretizar leyes y políticas estatales, que permitan a largo plazo afianzarnos en la carrera espacial en la que nos encontramos”.

En esa línea, el Presidente Gustavo Petro habló en campaña sobre la obtención de un satélite y una agencia aeroespacial que lo administre, y Saúl Kattan, consejero presidencial de Transformación Digital, confirmó en febrero el interés del gobierno por impulsar un programa aeroespacial con el fin de fortalecer las imágenes sobre el territorio nacional que ayuden a la protección del medio ambiente y el desarrollo agrícola.

Sin embargo, el Plan Nacional de Desarrollo, es decir, la hoja de ruta para los próximos cuatro años (2022-2026), hace una sola mención a la industria aeroespacial como parte de las compras del sector defensa junto a los astilleros, para que se garanticen por lo menos un “10% de transferencia tecnológica” y “la apropiación social para el uso civil”, pero no contiene una sola palabra sobre recursos, investigación o una agenda para el desarrollo de la industria.

No habrá desarrollo aeroespacial sin una agenda pública. El Estado tiene que ser el primer inversionista. Para lo que debe destinar recursos, beneficios fiscales y acompañamiento a través de programas tanto para públicos como privados que se la jueguen por el desarrollo de alta tecnología ‘made in Colombia’.

Felipe Castro Cervantes
Felipe Castro Cervantes
Periodista especializado en TIC y telecomunicaciones, con maestría en Gestión de Servicios Tecnológicos y de Telecomunicaciones de la Universidad de San Andrés, en Argentina. Asesor de prensa y comunicaciones de la Secretaría de Economía del Conocimiento, del Ministerio de Economía de Argentina.

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